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viernes, 24 de diciembre de 2010

HOMENAJE A ALEJANDRO TOLEDO

HOMENAJE A UN INMIGRANTE ILUSTRE: EL CASO DEL
EX-PRESIDENTE ALEJANDRO TOLEDO DE PERU

Por Wilfredo Gutiérrez P. (USA, mayo del 2007)

Érase un niño que nació en un hogar humilde de las serranías peruanas a mediados de la década de los 40 del siglo pasado. De párvulo pasó frío, hambre, enfermedad y muchas privaciones; pero no le faltó el amor y el calor de un hogar bien constituido de padres responsables y amorosos.

Cuentan que un día, pasteando ovejas  en la pastura de ichu de las punas de su pueblo natal, tuvo una visión: “algún día tengo que salir de la pobreza”, se dijo. Entonces tenía alrededor de 5 años.

De seguro que ese amor de hogar y esa visión de futuro,
fueron gravitantes para que en aquellas épocas tempranas de su vida,
ni el frío, ni el hambre, ni la enfermedad, ni las privaciones pudieron doblegarlo, como a sus nueve hermanos que murieron a  edad prematura.

Partió luego con su familia a la costa y pasó su adolescencia en un barrio tugurizado de Chimbote. Aquí  tuvo que enfrentar el primer choque cultural de su vida, que probablemente fue lacerante y desgarrador, pero a la vez retador.

Estudió en una escuela pública y trabajó como lustrabotas y canillita para sostenerse al interior de una familia muy numerosa. “Tengo que salir de la pobreza”, se seguía diciendo; éste era su ideal y su paradigma de vida.

Cuentan que un día, mientras lustraba y a la vez practicaba su inglés incipiente con un cliente americano, éste, sorprendido por los deseos de superación del muchacho, le dejó su tarjeta. “Esta es mi gran oportunidad para salir de la pobreza se dijo” y desde entonces soñaba con estudiar en los Estados Unidos. Entonces se puso a trabajar diligentemente en su proyecto y no desperdició aquella oportunidad. Continuó estudiando y trabajando duro, pero también continuó el contacto con esta familia americana y los trámites para conseguir una beca de estudios en USA.   

Ni la hostilidad de la calle, ni la fatiga de trabajar
y estudiar hasta 12 horas al día, ni el acecho de las drogas y
 la delincuencia, pudieron hacer retroceder de su objetivo a este
adolescente con una resiliencia a prueba de balas.

A mitad de la década de los 60, en plena efervescencia del pensamiento  socialista en el Perú y  en plena rebelión juvenil contra el status quo en el mundo occidental, le llegó la tan ansiada beca para estudiar en una universidad estadounidense. Partió a realizar “el sueño americano” como tantos jóvenes, con mucha ilusión, pero a la vez con mucha tristeza de dejar a sus seres queridos; con mucha esperanza, pero a la vez con temor de enfrentar a una sociedad desconocida. Este fue el segundo choque cultural de su vida, lacerante y desgarrador, pero a la vez desafiante y retador.

Fue acogido en esta familia americana amiga, pero tuvo que seguir trabajando a la vez que estudiaba. Terminó la carrera de economía y dos maestrías en una prestigiosa universidad estadounidense y luego obtuvo un   doctorado en Economía de Recursos Humanos en otra reconocida universidad americana. Luego fue funcionario de diversos organismos internacionales como el Banco Mundial y la propia Organización de Naciones Unidas (ONU).

Ni el desarraigo cultural, ni la exigencia de los estudios,
ni la marginación existente, ni la alta competitividad, ni los
placeres de la sociedad de consumo, ni la añoranza
a la tierra natal; pudieron, desanimar a este valeroso  
y “terco cholo” (como el mismo se llama),
de  realizar su sueño de niño.
 
Cuentan que un día de sol radiante en una playa americana, al lado de su pequeña hija y su bella esposa judío-belga, se dio cuenta que ya había salido de la pobreza y había realizado su primer sueño de niño. Cuentan también que allí tuvo un segundo sueño: “ahora me toca contribuir con mi país para salir de la pobreza”, se dijo.  Con esta nueva visión, se puso a trabajar inmediatamente y contactó a varios connacionales exitosos en USA y en Perú/ En 1994 fundó su partido País Posible, con el que (en alianza con el CODE) se presentó a las elecciones de 1995, quedando en cuarto lugar.

Después del desastre económico y social de la década de los 80, con el fenómeno terrorista en aumento, una hiperinflación galopante y constantes conflictos en la frontera norte; en el lustro del 95 al 2000 el Perú entra en una relativa calma y paz social, al estabilizarse la economía, haberse derrocado al terrorismo y firmado la paz definitiva con Ecuador.  Pero ello no duró mucho, pues a partir del 97 el país entra en una profunda recesión económica, con una creciente corrupción en las esferas del poder y una casi total cooptación de la prensa en base a prebendas económicas, que a finales del siglo 20 hacía  insostenible la gobernabilidad del país. El descontento popular fue incrementándose y se agravó aun más con la tercera reelección inconstitucional y fraudulenta del gobernante de entonces. Es aquí donde ese personaje de las alturas de Cabana, de figura frágil, rasgos incaicos, de baja estatura, voz ronca y verbo contundente,  surge nuevamente en la escena política del país, encabezando un amplio movimiento de protesta contra el régimen dictatorial y corrupto. El 28 de julio del 2000 convoca la marcha de los cuatro suyos y es así que este cholo terco (arriesgando su vida y el de su familia) lidera un gran movimiento social de todas las sangres,  que finalmente provoca la caída del dictador y su camarilla, quién el 20 de noviembre del 2005 huye del país al Japón renunciando a la Presidencia por fax.  

Después de un gobierno de transición de 8 meses, el 3 de junio del 2001, “este cholo de acero inoxidable” es declarado ganador en segunda vuelta en elecciones limpias y democráticas y ungido como Presidente de la República del Perú el 28 de julio del mismo año, entre vítores y regocijo de los sectores medios, populares y campesinos que veían en él el retorno de Pachacútec, en alusión al inca que hizo florecer al Imperio Incaico. Era el primer gobernante de humildes raíces andinas elegido democráticamente en el Perú y se llamaba Alejandro Toledo Manrique.  

Ni i las amenazas de muerte, ni el fraude electoral, ni las calumnias y
difamaciones, ni la extorsión, ni la guerra sucia; arredraron
 a este ilustre inmigrante,  forjado en el Perú profundo, de dar
este primer paso gigante para realizar su segundo sueño:
 “ ayudar a mi país a salir de la pobreza”.

En la cúspide del poder, ahora tenía la gran responsabilidad de conducir los destinos de un país sumido en la más profunda recesión económica, con una corrupción sin precedentes y con grandes expectativas sociales.  Era el desafío más grande a acometer en sus 54 años de vida y no era una tarea fácil (él lo  sabía), sobre todo por el tremendo poder económico de la gente encaramada en el poder que derrotó: no le perdonarían jamás semejante atrevimiento. Y así fue.

Desde el segundo día de su gobierno empezaron a cuestionar su gabinete, su entorno familiar, su salario como presidente, sus debilidades personales, su origen andino, su lenguaje campechano, sus viajes al exterior, etc, etc. Nunca como con este gobierno, la prensa y la oposición hicieron tanto escarnio y escándalo por problemas y errores usuales a cualquier gobernante, y de cada caso se hizo una novela. Poco a poco los medios de comunicación fueron creando un tal clima de rechazo, irrespeto y odio hacia la figura presidencial, que hasta los propios miembros de su gabinete (conformado en su gran mayoría por independientes) y buena parte de congresistas de su partido, tenían temor y hasta vergüenza de  defender al Presidente y los logros de su gobierno. Hablar bien de Toledo para un intelectual, era devaluarse o desprestigiarse y para la prensa significaba bajar en el rating. Se llegó a tal encono y mezquindad en las críticas, que aun programas sociales que iban en directo beneficio de los sectores pobres como la electrificación y saneamiento rural, los subsidios condicionados para familias en extrema pobreza (Programa JUNTOS), las viviendas populares, el Seguro Integral de Salud, el equipamiento de los Comedores Populares o el Programa  a trabajar Urbano (empleo temporal para familias pobres),  fueron duramente cuestionados.

A medida que pasaba el tiempo y la popularidad del Presidente caía, se fueron alejando sus más cercanos colaboradores y algo más del 20% de sus congresistas, pues no querían “contaminarse” del desprestigio presidencial. Fueron ellos los que  más tarde se unieron en la comparsa de desestabilización del gobierno y del pedido de la vacancia presidencial. Estimo que un 40% de la impopularidad del gobierno de  Toledo se debió a la campaña de demolición orquestada por la prensa (algunos de ellos auspiciados por los grupos mafiosos del gobierno anterior), un 20% por ser un “cholo exitoso” (como resultado del racismo soterrado existente en el país) y un 20%  por los errores de su gobierno.
 
Pero ni el dinero de la corrupción, ni los ataques arteros a su intimidad
familiar,  ni la oposición del congreso, ni los paros ni marchas
 callejeras, ni los intentos de golpe de estado, ni los pedidos
de vacancia presidencial; pudieron derrotar a este paladín
de la democracia y de la libertad de expresión.

Siguió gobernando contra viento y marea, con un respeto irrestricto de la libertad de expresión, de los derechos humanos y de la independencia de poderes, hasta el punto de permitir que apresaran a su más cercano asesor y a una hermana carnal. Fue el primer gobernante que dio oportunidad de participar en las decisiones de gobierno a los mejores técnicos del país sin importar su color político, aun a costa de las críticas de su propio partido. Su norte fue siempre: “ayudar a mi país a salir de la pobreza”.

Al final de su mandato y ya con las aguas más calmadas, podemos decir que desbrozó el camino para hacer un Perú viable. Al final de su gobierno se redujo la pobreza en 4 puntos y la extrema pobreza en 6 puntos, nos dejó un país con un crecimiento económico sostenido cercano al 6% anual (que no se veía hace más de medio siglo), reservas internacionales y exportaciones duplicadas en 15 y 16 mil millones de dólares respectivamente y un déficit fiscal de sólo el 0.6% (todo un récord histórico). Deja un país con grandes proyectos en marcha como la minera Las Bambas (60 años postergado), los fosfatos de Bayovar (90 años postergado), la irrigación de Chavinmochic (20 años de espera), el gas de Camisea (20 años en espera), la carretera interoceánica, entre otros. Deja también concluida y aprobada por el congreso el Tratado de Libre Comercio con USA y el Acuerdo Nacional, que son políticas de Estado a largo plazo, antes jamás emprendidas.

En sus 5 años de gobierno y a pesar del gran ‘ruido político”, cumplió con su promesa de duplicar el sueldo de los  maestros (de $ 185 a $ 370 mensual) y un 60% de incremento para el resto de la burocracia; casi triplicó el sueldo de los Magistrados del Poder Judicial con la esperanza de que agilicen la administración de justicia; cumplió con crear la Comisión de la Verdad y resarcir a un buen número de los afectados por el terrorismo; cumplió con dar inicio a la descentralización del país con la elección democrática de 25 Presidentes Regionales y dar las transferencias presupuestales respectivas. Fue el primer gobierno democrático en la historia del país que propició el enjuiciamiento y encarcelamiento de altos personajes corruptos de la esfera del poder, entre ministros, generales, periodistas, empresarios y jueces, y en persistir en la extradición de Fujimori; también fue el primero en reponer a cerca de 10,000 trabajadores despedidos injustamente por el gobierno anterior; el primero en  propiciar un ambiente de inversión favorable para que se creen alrededor de un millón y medio de puestos de trabajo; el primero en poner en la agenda de gobierno la preocupación por los grupos étnicos; y el primero (con gran apoyo de su esposa) en difundir ampliamente el potencial turístico y  posibilidades de inversión en el país. Gracias también al terco esfuerzo de su esposa Elianne Karp (acremente criticada por no ser solo una figura decorativa presidencial para tomar te con las esposas de embajadores), se revaloró a los grupos étnicos indios y afro peruanos, fundando una  institución que los defienda y una universidad donde puedan estudiar sus hijos.
   
En resumen, Alejandro Toledo, un inmigrante exitoso que, gracias a la oportunidad de formación que le brindó este generoso país, volvió a la tierra que lo vio nacer a servirla. Auque fue acremente criticado e injustamente odiado y vilipendiado hasta extremos increíbles; sin rencores ni revanchas, sin arrogancia ni triunfalismos, con pausa pero sin tregua; supo construir sobre lo que su antecesor hizo bien en materia económica y nos deja un país viable, con la inflación más baja de su historia y listo para despegar dentro del modelo capitalista liberal. Se imaginan cuanto más se hubiera podido hacer por el bienestar del país si todos hubiéramos puesto el hombro?.

Tengo fe en que llegarán tiempos frescos,  en que  aprendiendo de nuestros errores, nuevas generaciones verán con la mayor naturalidad gobernar el Perú a Mamanis, Quispes, Mallmas,  Guadalupes o Chambiras y no los maltratarán  ni odiarán tanto como lo hicieron con Toledo. Entonces creeremos en nosotros mismos, en nuestras grandes potencialidades de mestizos de todas las sangres y ese día como país, habremos salido de la pobreza no sólo material sino también espiritual.

Estoy seguro que algún día, más temprano que tarde, la historia sabrá reconocer y agradecer sin mezquindades el esfuerzo y sacrificio que este ilustre peruano universal, que junto a su inteligente esposa y al equipo de hombres y mujeres que lo acompañaron hasta el final, contribuyeron a sacar de la pobreza a este país en circunstancias tan adversas.  Al final terminó su gobierno con un índice de popularidad del 33% y con la hidalguía y grandeza de los grandes estadistas, en su último discurso dijo de su sucesor, el actual Presidente Alan García:

“Que no se descargue contra él ni la ira ni la envidia,
 ni el grito fácil, ni la campaña desbocada ni
la oposición destructiva ni la falsedad,
 no hagan con él lo que hicieron conmigo”.


LA TIRANIA DE LA PRENSA

LA TIRANIA DEL CUARTO PODER

Por Wilfredo Gutiérrez ¨P.  MD  MPH (Marzo del 2005)

No se si a Uds. comparten conmigo que desde hace 15 años vivimos en nuestro país una de las peores tiranías en lo referente a información. En los 10 años del Fujimorato, el grueso de la prensa hablada y escrita nos hacia creer que todo andaba bien y que teníamos al gobierno más honesto, eficaz y eficiente de la historia republicana del país. En los casi 5 años que tenemos de este gobierno, en cambio, la mayoría de la prensa nos hace creer que todo anda mal y que el Sr. Toledo (familia incluida)  es el más grande corrupto e inepto de los presidentes que ha tenido el país, además por supuesto de ser cholo, feo, antipático y  sin “clase”. Un razonamiento elemental nos dice que eso no puede ser, pues no puede haber un  gobernante  tan bueno que no cometa errores, ni tan malo que no pueda mostrar algunos éxitos y logros en su gestión.

Si juzgamos sin apasionamientos y odios a ambos gobiernos, tenemos que reconocer que la estabilización económica, la pacificación del país y la firma del tratado de paz con Ecuador, son los logros más saltantes del gobierno anterior, claro está a un costo muy alto y al lado de la más grande corrupción que posteriormente se descubrió. El manejo responsable de la economía que nos ha permitido crecer sostenidamente durante 4 años y duplicar nuestras exportaciones, la descentralización del país, el respeto irrestricto a la libertad de expresión y el enfrentamiento frontal a la corrupción (que por primera vez en nuestra historia ha puesto tras las rejas a generales, jueces, periodistas y ministros venales y corruptos), son los principales logros de este gobierno; teniendo como contraparte negativa un escaso liderazgo y autoridad, exceso de promesas, escándalos familiares, falta de cohesión partidaria y casi nulo impacto en reducir la pobreza.

Sin embargo, en estos 15 años de tiranía de la prensa, no se notó ni se nota un balance ni objetividad en la información que se nos brinda en relación al manejo de la cosa pública. La gente que  pensaba que todo andaba de maravillas en el gobierno de Fujimori, qué decepción sentiría al descubrir posteriormente que no era así; todos los que ahora pensamos que hay algunas cosas que se están manejando bien en este gobierno y que si se redujera el ruido político (magnificado por la prensa) se podría estar mejor; qué decepción y asco sentimos al leer y escuchar todos los días en la mayoría de medios de comunicación, información tendenciosa, sin una adecuada sustentación y con total falta de objetividad, que ha merecido la crítica del propio Consejo de la Prensa Peruana, de los empresarios, del alcalde de la cuidad de Lima y de algunos honorables  periodistas.

La creatividad en la búsqueda de la información amena y variada, la veracidad y la investigación rigurosa de sus fuentes, la sana rectificación de los errores, el respeto por la honra de las personas y las instituciones, la preocupación por formar opinión equilibrada y crítica en la población, la sensibilidad hacia la formación de valores, la preocupación por contribuir con el desarrollo del país, la fiscalización documentada del manejo de la cosa pública, el uso del lenguaje culto,  la entrevista alturada e imparcial, etc., que alguna vez predominó en la prensa de antaño; lamentablemente ha sido sustituida  en estos últimos 15 años (con  honrosas excepciones por supuesto), por el sensacionalismo amarillo y chabacano, por la diatriba y la procacidad, por  la fábrica de “fuentes” mediante el soborno y el chantaje, por la condena de personas e instituciones basada en “indicios”, por “la denuncia maldita y mal documentada” (como comenta el periodista Zileri), por la mancilla impune del honor de las personas sin derecho a rectificación, por la entrevista artera y llena de zancadillas cuando no conviene a los intereses o a la causa que defiende la empresa periodística o la por la entrevista sumamente complaciente cuando conviene a sus intereses,  por la información monocorde y “carroñera”([1]),  por la tribuna a personajes especialista en el escándalo político y la farandulero, por la primicia a cualquier precio y la preocupación de vender y acumular más ganancias sin importar el tipo de opinión que se forme en las personas, etc.

En una encuesta representativa realizada por la Universidad de Lima, a comienzos del mes de febrero de este año (2005) por encargo del Consejo de la Prensa Peruana, se señala que solo el 8.1 por ciento de los entrevistados opina que los medios de comunicación informan objetivamente, un 80.9 por ciento opina que confía poco o nada en ellos y un 60.4% considera que se mantienen igual o han empeorado en su responsabilidad al informar, en comparación a la nefasta época de Fujimori en que Montesinos compraba portadas, editoriales y horarios estelares a cambio de millones de dólares sacados del erario nacional.  Sin embargo, las ventas de los periódicos se siguen incrementando, la audiencia de los noticieros y programas políticos de los principales canales de televisión de señal abierta siguen incrementando su  rating, los empresarios siguen invirtiendo en publicidad en ellos… Cómo entender semejante paradoja?; es que los peruanos debemos seguir creyendo en aquel manido mito de que somos masoquistas y que no podemos salir de esta tiranía?.

Hay consenso en la opinión pública y en los propios dueños de medios de comunicación, de que tenemos en el país la más irrestricta libertad de prensa, sin mayores controles ni cortapisas que los establecidos por los códigos de ética de cada medio y los que contempla la ley para cualquier ciudadano. Sin embargo, al igual muchos hombres y mujeres de a pie de este país, pienso que la mayoría de los dueños y dueñas de los medios de comunicación, por la defensa de intereses económicos u otros intereses subalternos, están abusando de esta libertad y paradójicamente la han convertido en una suerte de sojuzgamiento de la opinión pública. Ello está amenazando  seriamente la estabilidad democrática, la coexistencia pacífica entre peruanos, está medrando los principios y valores ciudadanos, está deformando peligrosamente la mente de nuestros niños y jóvenes y está frenando ostensiblemente el desarrollo del país. El hecho de que  más del 90% de peruanos no crea en los políticos ni en las instituciones tutelares del país (incluyendo la prensa), el hecho de que un 45 por ciento de la población adulta prefiera a los gobiernos autoritarios que a los democráticos, el hecho de que la mayoría de jóvenes no tenga esperanza en que la situación del país mejore y prefiera salir al extranjero; no es del todo culpa de la prensa es verdad, pero indudablemente tiene mucho que ver.  Parafraseando a los economistas, diría que estos últimos 15 años han sido 3 quinquenios perdidos para la prensa peruana, pues ella misma, en vez de crecer y enriquecerse se ha degradado y envilecido hasta límites extremos.

Por ello, me aúno a las pocas voces que se sublevan contra esta tiranía del llamado “cuarto poder”, hoy todopoderoso y omnímodo, que se vanagloria de haberse tumbado ministros, desaforado parlamentarios, desacreditado a políticos y de seguro también condenado a inocentes, protegido a corruptos y destrozado hogares. Felizmente, a raíz de la última encuesta del Consejo de la Prensa Peruana, representantes de los medios de comunicación más importantes, están empezando a reconocer estos errores y han sacado comunicados y pronunciamientos de llamados de atención entre ellos; también algunos honorables y emblemáticos periodistas de nuestro medio como el Sr. Zileri, el Sr. Mirko Lauer, el Sr. Raúl Vargas, el Sr. Hildebrandt, el Sr. César Lévano entre otros, están desenmascarando a este tipo de prensa y están dictando cátedra de cómo hacer periodismo de investigación por ejemplo. Igualmente en las últimas semanas los principales gremios empresariales se han pronunciado sobre el daño que hace al país tanto “ruido político” magnificado por la prensa, y el propio alcalde de Lima ha manifestado que prefiere ver “discovery channel”, antes que noticieros y programas políticos de la TV.

Es importante que haya más voces de protesta y acciones concretas de la sociedad civil, para contrarrestar esta tiranía de la prensa. Resistámonos a comprar y ver periódicos y programas sensacionalistas y que viven del escándalo político y farandulero cotidiano, enseñemos a nuestros hijos a analizar  críticamente la información que leen o ven, en la escuela los maestros debería hacer lo propio en todos los niveles educativos. Sería interesante que en el canal del Estado haya un espacio dedicado al análisis didáctico de la información política y de farándula que propalan  los medios hablados y escritos. Los representantes de los gremios profesionales y de las  diferentes Iglesias también deberían decir su palabra, pues se está deformando la conciencia cívica, política y religiosa de la población.




[1] Al igual que las aves de rapiña, los medios de comunicación de hoy se contentan con los restos que quedan de las “primicias” producidas por otros y hurgan y se solazan con ellos para producir más carroña, que a su vez será  digerida por otros medios y llenará de información putrefacta la mente de sus oyentes o lectores.  Al igual que los buitres, algunos ya han empezado a sacarse los ojos entre ellos por carroña mal digerida, como la disputa de credibilidad del programa “Panorama” vs. “La ventana indiscreta”  o el programa “Hoy” vs. “Prensa Libre”, o el diario “Expreso” vs. “El Comercio”.