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lunes, 2 de junio de 2014

LA CLAVE PARA PERDER DE PESO

LA CLAVE PARA PERDER PESO

Traducción y resumen libre del artículo: The key to automatic weight loss del Dr. Mark Hyman ([1])
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La mayoría de científicos todavía sostienen el dogma de que la grasa engorda, que la grasa hace que el colesterol se eleve y que disminuir las grasas es el camino correcto a seguir para vivir una vida larga y saludable. Sin embargo, muchas investigaciones científicas en los últimos 10 años prueban lo contrario y podría afirmarse que esta teoría convencional no ha detenido la epidemia de obesidad en los EE.UU. en los últimos 40 años, sino que al contrario, la ha incrementado.

El Dr.  Ludwig explica por primera vez  por qué comer en exceso no te hace gordo, sino que es a la inversa: es por ser gordo que tú comes más y  ganas más peso. Una vez que comienzas a consumir carbohidratos refinados, como el pan, arroz, papas, pasta y cualquier forma de azúcar , el organismo empieza a fabricar un cierto tipo de células de grasa llamadas “tejido visceral adiposo” o VAT, por sus siglas en inglés. Esta no es la grasa normal, es una súper grasa o grasa del hambre, una grasa peligrosa. Esta grasa desencadena  una cadena  inexorable de procesos en el organismo que  conducen a la obesidad.

Esas células grasas hambrientas chupan todo el combustible disponible en el torrente sanguíneo (glucosa, grasas, cetonas). El cuerpo, entonces piensa, "Oh Dios, me estoy muriendo de hambre, es mejor que disminuya más y más mi metabolismo para no morir”. El problema es que cualquier cosa que comas, es absorbida por estas células y convertidas en grasa alrededor de su vientre, lo que lleva a un círculo vicioso de hambre, comer en exceso, almacenar grasa y disminuir el metabolismo del cuerpo, por lo que no es de extrañar que aumentes de peso y no puedas perderlo.

No te preocupes por cuanto comes, porque nunca será capaz de controlar eso. Por el contrario, céntrate en lo que comes, es decir en la calidad de los alimentos que consumes, la composición de los mismos (alto contenido de fibra, bajo contenido en almidón y azúcar, proteínas y grasas de buena calidad). Entonces, no tendrás hambre y tu organismo cambiará el proceso de almacenamiento de grasa por quemar la grasa. Así prevendrás enfermedades crónicas como las cardíacas, la diabetes tipo 2, el cáncer y la demencia

Estas con las 10 lecciones para llevar a casa desde el trabajo del Dr. Ludwig:

1.         Olvídate de las calorías, céntrate en la calidad de tu dieta
2.         Comer en exceso no te hace engordar. Tus propias células grasas te hacen comer en exceso.
3.         Tú haces que tus células grasas “tengan hambre” al consumir azúcar y carbohidratos refinados.
4.         Al restringir la ingesta de calorías hará que tu metabolismo disminuya, haciendo que tengas más hambre y por tanto tus intentos de pérdida de peso sean nulos.
5.         Comer cantidades moderadas de grasa y proteínas, disminuir la cantidad de azúcar y evitar los carbohidratos refinados, acelerará tu metabolismo y hará que tengas menos hambre.
6.         Controlar lo que comes es mucho más fácil que controlar cuánto comes.
7.         Olvídate de contar la cantidad de calorías que consumes. No se trata de la cantidad de calorías, sino de calidad de la dieta y la composición de la misma.
8.         Olvídate de la teoría científica antigua de que todas las calorías que ingerimos son iguales y que la pérdida de peso es simplemente una cuestión de comer menos calorías de las que tu cuerpo pueda quemar.
9.         El bajar la insulina por una desintoxicación de azúcar, hará que tu cuerpo pierda peso sin esfuerzo y sin pasar hambre ni ansiedad.
10.      Deja de culparte a ti mismo por la falta de fuerza de voluntad, y empieza a empoderarte consumiendo una comida integral y fresca, baja en azúcar y almidón.

viernes, 24 de diciembre de 2010

LA CULTURA ANTI-GRASA: MITOS Y VERDADES

LA CULTURA ANTI-GRASA: MITOS Y VERDADES

Por: Dr. Wilfredo Gutiérrez P. (USA, mayo del 2007)

El incremento dramático de la obesidad en los últimos 30 años y de los riesgos comprobados que conlleva para la salud, junto a la cultura anti-grasa se ha instalado la una especie de psicosis en la población sobre los peligros del consumo de grasas. A ello ha contribuido mucho el culto a la delgadez y a la figura esbelta, propalada como sinónimo de belleza por el marketing y los diferentes medios de comunicación masiva. Fruto de ello y de los mensajes educativos en salud que vienen machacando sobre el colesterol malo, la población ha ido fabricando una serie de mitos, creencias o medias verdades,  que han configurado una especie de cultura anti-grasa.

Esta situación, ha conllevado a que muchas personas lleguen a desarrollar patologías  peligrosas como la anorexia nerviosa, la bulimia, problemas endocrinológicos (hormonales) en los adultos; y diferentes trastornos nerviosos irreversibles en los niños.  Por ello, es importante que la población tenga algunos criterios para distinguir qué es real y científicamente fundado y qué es mito o media verdad (magnificada con fines comerciales), de todo lo que se dice en contra de las grasas.  

Mito No. 1: Las grasas de origen animal son dañinas para la salud y sólo deberíamos ingerir grasas de origen vegetal.

Verdad: Los niños menores de dos años NO deben estar bajo una dieta restringida en grasas de origen animal, porque el colesterol y las grasas en general son nutrientes importantes para el desarrollo cerebral. En el niño mayor de dos años, la grasa continúa siendo de gran importancia en la adecuación del aporte de energía para permitir un buen nivel de actividad física. Si bien el crecimiento después de los 12 meses disminuye notablemente, la actividad física es fundamental para el desarrollo mental y social del niño; por lo que el déficit de energía asociado a una dieta pobre en grasa puede limitar la actividad y por ende el desarrollo del niño. La grasa además es necesaria para completar el desarrollo del sistema nervioso que en esta etapa continúa mielinizándose, lo que requiere de ácidos grasos esenciales como el esteárico y el oleico. Por ello en esta etapa es esencial el consumo de leche materna hasta por lo menos los 6 meses de edad del niño, de leche y sus derivados en general,  huevo y carnes; no sólo por el aporte de ácidos grasos esenciales, sino también de otros nutrientes como proteínas de origen animal (que contienen aminoácidos esenciales completos), de hierro, calcio, etc.

En el adulto es importante también el aporte de grasa animal (sobre todo de pescado) ya que contiene gran cantidad de ácidos grasos esenciales como el omega 3 y 6, que   propio cuerpo humano no lo produce. Hay que tener en cuenta además que la grasa animal es la única fuente de colesterol.

LO IMPORTANTE ES NO CONSUMIR GRASAS ANIMALES EN EXCESO. EN GENERAL SE RECOMIENTO QUE EL 10% DEL TOTAL DE CALORIAS DE LA DIETA,  DEBEN SER DE ORIGEN ANIMAL.

Mito No. 2: El colesterol es malo en si y solo debemos consumir alimentos 0 colesterol

Verdad:  El colesterol es imprescindible para la vida, ya que es un componente muy importante de las membranas celulares y a partir de él se sintetiza la Vitamina D que es  importante en el metabolismo del calcio. A partir del colesterol también se sintetizan las hormonas sexuales, los corticoides y las sales biliares, entre otros. El colesterol se obtiene de dos maneras: el organismo produce una parte y el resto viene en los productos animales que uno consume, como carnes rojas, aves, pescado, huevos, mantequilla, queso y leche entera. Los alimentos provenientes de las plantas; como frutas, verduras y cereales; no contienen colesterol.

POR LO TANTO, EL  ORGANISMO NECESITA COLESTEROL PARA FUNCIONAR NORMALMENTE; SIN EMBARGO, TENER DEMASIADO PUEDE ELEVAR LAS PROBABILIDADES DE SUFRIR UNA ENFERMEDAD DEL CORAZÓN, POR LO QUE. SE RECOMIENDA NO EXCEDER EL COLESTEROL DE 300 mg/persona y día.

Mito No. 3: La  LDL (o colesterol malo), debe ser completamente eliminado de la dieta diaria.
Verdad:  La Lipoproteína de Baja Densidad o LDL (por sus siglas en inglés), en realidad es una proteína que juega un rol importante en el transporte del colesterol y otras grasas hacia las células. Cerca  del 60 a 80 por ciento del colesterol plasmático es transportado por las LDL. Las lipoproteínas de alta densidad  (HDL), conocidas también como colesterol bueno, transportan el 15-40 por ciento del colesterol del plasma. Se ha comprobado que la HDL acarrea el colesterol de las arterias y reduce los riesgos de un ataque al corazón.
Por ello, no hay que eliminar del todo de la dieta a la LDL, sino que hay que consumirla en cantidades moderadas, ya que se ha comprobado que demasiada  LDL puede tapar las arterias, lo que aumenta el riesgo de tener un ataque al corazón o un accidente cerebrovascular. En una persona sana, se recomienda que la LDL no debe exceder los 160 mg/dl en sangre y los niveles de HDL deben ser iguales o superiores a  60 mg/dl.  
Mito No. 4: Como las grasas insaturadas son buenas, las personas deben comer tanta grasa insaturada como sea posible

Verdad: Si bien es cierto que se ha comprobado que las grasas insaturadas, presentes en los aceites de origen vegetal (con excepción de los de coco y palma), ayudan a bajar el colesterol en la sangre, por su alto contenido de HDL; hay que tener en cuenta que las grasas en general (incluyendo las insaturadas) tienen muchas calorías (9 cal/gr.), lo que puede conllevar a sobrepeso y obesidad si se consume en exceso, que es otro factor de riesgo de enfermedad del corazón y de algunos tipos de cáncer..

En general se recomienda que en un adulto el 10% de las calorías totales diarias deben provenir de las grasas saturadas (20 grs. aprox..) y un 20% de grasas insaturadas (40 grs. aprox.). El consumo total de grasas en general, no debería exceder los  66 grs por día.


INMIGRACION Y OBESIDAD

INMIGRACION Y OBESIDAD

Por Wilfredo Gutiérrez P.   M.D.  M.P.H. (USA, junio del 2007)

Según datos publicados en la revista médica "Journal of the American Medical Association" (JAMA) de abril de este año, en los últimos 25 años, el sobrepeso y la obesidad se ha duplicado entre los adultos estadounidenses y se ha triplicado entre los niños. Según el Instituto de Nacional de Salud y Nutrición (datos de la última encuesta al 2004), el sobrepeso y obesidad en mujeres adultas está en el 62%  y 33% respectivamente; en hombres adultos en 71% y 31%. En niñas de 2 a 19 años la obesidad está  en el 16% y entre los varones en el 18%.

Durante los últimos 20 años, ha llegado a los Estados Unidos de América el mayor número de inmigrantes de toda su historia, en su mayoría procedentes de Asia y América Latina, constituyendo actualmente alrededor de 35 millones de personas. Según un informe The Health of Immigrants in New York City (La salud de los inmigrantes en la ciudad de Nueva York), dado a conocer en julio de este año, los extranjeros que llegan a residir en la ciudad, generalmente tienen menos sobrepeso y obesidad que los residentes estadounidenses; pero a mayor tiempo permanencia, esta se incrementa e incluso sobrepasa a la de los ciudadanos nativos. "La exposición al ambiente estadounidense parece incrementar su riesgo de obesidad y puede contribuir a una reducción en la salud general", refiere el Dr. Thomas R. Frieden, Comisionado de Salud de la ciudad. Según ese estudio, los panameños y los hondureños son más propensos a la obesidad que las poblaciones generales de estadounidenses o extranjeros. 
A conclusiones similares llega el estudio de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en su informe:  La salud de los inmigrantes hispanoamericanos  ( Rev Panam Salud Publica. 2005;17(3):200-201), que dice que en general, a su llegada los inmigrantes tienen menos obesidad abdominal que los estadounidenses, pero a medida que pasan los años de residencia esas ventajas desaparecen. En los mexicanos se ha documentado un aumento de peso con cada generación..
Según el Centro de Control de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés), el 34.4 por ciento de los adultos obesos analizados entre 1999 y 2000 corresponde a hispanos, mientras que en la llamada población anglosajona el índice es del 28.7 por ciento. En los niños también la situación es alarmante, pues el 23.7 por ciento de niños latinos menores de 11 años son obesos, frente a un 11.8 de blancos no hispanos. Entre los niños hispanos de 2 a 18 años la obesidad llega al 39.3 por ciento, frente a un 26.2 de los niños blancos no hispanos. Igualmente, según el CDC, uno de cada tres niños en los Estados Unidos nacido en el 2000 será diabético, es decir 8 por ciento de los estadounidenses de ascendencia europea, más de 50 por ciento de los afroamericanos y más de 60 por ciento de los hispanoamericanos serán obesos y tendrán diabetes de tipo 2 (diabetes adquirida).
 La obesidad se define como un exceso de tejido adiposo, que acompaña a un aumento del peso corporal, con respecto a lo que correspondería según género, talla y edad. Es un factor importante de riesgo de morbi-mortalidad y se asocia con el incremento de enfermedades cardiovasculares, hipertensión arterial, diabetes mellitus, hipercolesterolemia, aterosclerosis, cáncer de mama, afecciones de la vesícula biliar, entre otras patologías.

Para  diagnosticar el estado nutricional en niños de 0 a 18 años, se usan las tablas estandarizadas de la OMS y para adultos el Índice de Masa Corporal (IMC) que relaciona el peso en kilos sobre la talla en metros elevada al cuadrado. Según la clasificación del International Dietary Energy Consultative Group de la OMS, los rangos nutricionales según el IMC se muestran en la tabla N° 1.

Tabla N° 1
Clasificación del estado nutricional según rango de IMC
Diagnóstico
IMC
Delgadez
< 18,5
Normalidad
18,5 - 24,9
Sobrepeso
25,0 - 29,9
Obesidad
> 29,9

Como hemos podido apreciar, actualmente, la obesidad entre la población inmigrante hispana en Estados Unidos, constituye una de los problemas de mayor repercusión, no solo desde el punto de vista  sanitario, sino también desde el ámbito psicológico, social y económico. Una explicación de las causas de la misma estaría en que los inmigrantes latinos a los Estados Unidos, generalmente provienen de estratos pobres y las razones por las que éstos ganan rápidamente de peso en este país estaría asociada a la teoría de que la obesidad en la pobreza se asocia a episodios de desnutrición en la edad temprana, e incluso durante la vida intrauterina. Estas carencias son compensadas posteriormente (ya en USA) con una sobreingesta de alimentos de alta densidad energética (harinas y grasas), composición básica de la llamada “comida rápida” o “fast food”. Este tipo de comida es de bajo poder nutricional y generalmente carece de hierro, zinc, ácido fólico, calcio, vitamina A y vitamina C, dando como resultado anemia y osteoporosis entre otras patologías, además de las asociadas a la misma obesidad.  Otros factores están asociados a la herencia genética, factores culturales como creer que el ser gordito (sobre todo en los niños) es sinónimo de buena salud, la vida sedentaria y el incremento de la ansiedad (como producto de la adecuación a un nuevo ritmo de vida).

La solución al problema no es fácil y requiere el concurso de políticas públicas y de acciones a nivel familiar e individual. En el primer campo ya el gobierno estadounidense ha lanzado la iniciativa de salud pública “Healthy People 2010” que considera el fomento de estilos de vida saludables a nivel comunitario y de la escuela como algo prioritario. También a nivel de Estados se ha comenzado a prohibir  la venta de dulces, meriendas y bebidas gaseosas con alto contenido calórico y de grasas saturadas. Igualmente el Congreso está considerando que las cadenas de restaurantes de comida rápida indiquen en sus menús el contenido de grasa, sodio y calorías de cada preparación.

A nivel familiar e individual es importante de que la población inmigrante hispana tome conciencia de los problemas que a corto, mediano y largo plazo ocasiona la obesidad, sobre todo en los niños y se tomen medidas para cambiar los actuales estilos de vida. Algunas medidas recomendadas son las siguientes:

·         Reconocer que la gordura no es signo de buena salud
·         No perder la costumbre de la “dieta latina”, basada en cereales (granos), frijoles, fruta, verduras, pescado, jugos de frutas naturales, consumo de agua en vez de gaseosa y otros alimentos ricos en fibra vegetal. Este tipo de alimentación, además de la obesidad, previene otras enfermedades como el cáncer de colon y muchas otras patologías gastrointestinales.
·         Desarrollar de manera regular alguna actividad física: caminar diariamente unos 30 minutos, practicar algún deporte, montar bicicleta, etc.
·         Limitar en los niños la televisión y los videojuegos  y reemplazarlos por alguna actividad física: patinar, montar bicicleta, nadar, hacer caminata, etc. Aprovechar las miles de posibilidades en el desarrollo de actividades físicas sin costo que este país ofrece. Es importante en este campo que los padres “PREDIQUEN CON EL EJEMPLO”.
·         Cambiar la filosofía de vida con la que viene el inmigrante: Trabajar y trabajar, hacer más y más dinero y consumir y consumir. Ello nos somete a mucho stress, que ocasiona ansiedad, que la calmamos comiendo mas y presionando a los niños a “que terminen el plato”. Tener en cuenta que el trabajo y el dinero son un medio para la vida y no un fin en si. Es importante también alimentar el componente espiritual de cada ser humano.
·         Es mejor mandar a los niños al colegio una “merienda latina” preparada con alimentos frescos balanceados a que consuman la tradicional merienda que se dan en los mismos, sobre todo si esta es en base a frituras y golosinas.. Siempre esta la excusa de que “no hay tiempo”, pero recordemos que en nuestras tierras SI LO HACIAMOS, a pesar que teníamos la misma carga de trabajo que acá. ¿Por qué perder esa buena costumbre?